Verdadera Nutrición

En estos días, meditaba en algunas palabras de Jesús a sus discípulos y podía continuar observando que en él no había otro interés que la manifestación continua y exacta de la voluntad del Padre.

Si recordamos la historia de Jesús con la samaritana, allí vemos un episodio extraordinario. Jesús hablando con una mujer, y sumado a esto, una mujer de Samaria. Conociendo bien nosotros que entre Judíos y Samaritanos había una especie de “rivalidad”.

En aquel episodio, antes de que Jesús se encuentre con la mujer samaritana, sus discípulos habían entrado a la ciudad para comprar algo de comida. Luego viene todo el episodio con la samaritana y al finalizar, la mujer se va y llegan sus discípulos con la comida que habían comprado. Se supone que esto sería una alegría para todos.  Llegaba la hora de almorzar. Nada mas lindo que ese momento de distensión y descanso. Pero la respuesta de Jesús rompió la rutina pensada y el supuesto almuerzo.

Leamos:

San Juan 4: 32-38 NTV

32 Jesús les respondió:

—Yo tengo una clase de alimento que ustedes no conocen.

33 «¿Le habrá traído alguien de comer mientras nosotros no estábamos?», se preguntaban los discípulos unos a otros.

34 Entonces Jesús explicó:

—Mi alimento consiste en hacer la voluntad de Dios, quien me envió, y en terminar su obra. 35 Ustedes conocen el dicho: “Hay cuatro meses entre la siembra y la cosecha”, pero yo les digo: despierten y miren a su alrededor, los campos ya están listos para la cosecha. 36 A los segadores se les paga un buen salario, y los frutos que cosechan son personas que pasan a tener la vida eterna. ¡Qué alegría le espera tanto al que siembra como al que cosecha! 37 Ya saben el dicho: “Uno siembra y otro cosecha”, y es cierto. 38 Yo los envié a ustedes a cosechar donde no sembraron; otros ya habían hecho el trabajo, y ahora a ustedes les toca levantar la cosecha.

Cuánta verdad encontramos en esta historia. Una historia que puede llegar a cambiar nuestra perspectiva. Si hay algo que las escrituras provocan es fe. Con esto quiero decir, que al leer y ser enseñados por el espíritu santo, comenzamos a vivir por fe. Vivir por fe no es otra cosa que vivir siendo influenciados por la visión y por la perspectiva de Dios. Ya no se trata de lo que nosotros imaginemos y/o pensemos, sino que se trata de lo que él nos muestra y de aquello que podemos ver desde él.

Deseo marcar tres puntos importantes en esta enseñanza.

  1. Nuestro Alimento.

Jesús al encontrarse con sus discípulos, quienes habían estado ausente en el episodio con la samaritana por ir a comprar comida, les declara lo mas asombroso y aquello que los mismos discípulos no esperaban oír de Jesús. Aunque esto se les haría común con el correr de los días. Siempre Jesús tendría para ellos una respuesta “especial” frente a eventos naturales.

La respuesta de Jesús fue: “yo tengo una clase de alimento que ustedes no conocen…”

Por favor, pónganse en el lugar de sus discípulos. Ellos pensaron, “¿ya comió?” “¿alguien le habrá dado de comer?”

Esta claro que no se refería a un alimento natural, sino que se refería a aquello que a él lo sostenía: La Voluntad De Dios.

Lo único que puede sostener la vida que llevamos en Cristo, es el hacer la voluntad de Dios. No hay otro alimento capaz de darnos la vitalidad integral que necesitamos, que no sea el hacer la voluntad de Dios.

Podemos decir que somos lo que comemos. Nuestra vida es el fiel reflejo de aquello que consumimos y del alimento que ingerimos.

Así es como sucede en lo natural. Nadie es obeso o tiene sobrepeso por comer correctamente. La mala nutrición acarrea vicios, lastres, malos hábitos, enfermedades y un sin números de males que afectan la salud de una persona.

Esto es algo de lo que Jesús señalaba. Nuestra vida es el resultado de lo que comemos.

“Mi alimento consiste en hacer la voluntad de Dios, quien me envió, y en terminar su obra…”

Me he preguntado: ¿qué es aquello que nos sostiene y nos impulsa?

El alimento es energía, es el combustible que necesitamos para movernos. Por eso comemos para vivir y no vivimos para comer. La nutrición es acorde al trabajo que debo realizar. 

Hay un tipo de alimento único que te dará la idoneidad y las fuerzas necesarias para ser participantes y ejecutantes del propósito eterno de Dios, y es el estar constantemente y cotidianamente alimentándote con el “hacer Su voluntad”.

Notemos el detalle «hacer». Nunca dice «conocer». Porque el verdadero alimento no consiste solo en conocer Su Voluntad, sino en HACER SU VOLUNTAD.

Nunca te sentirás vacío e incompleto si lo que acabas de hacer pertenece a la voluntad de Dios. Pero el no hacer su voluntad ( y hacer la nuestra) dejará siempre un sabor amargo y un paladar que saboreará frustraciones.

Si hay algo que resolvió la cruz, es nuestra alimentación. Ya no comemos nuestra propia voluntad o la voluntad de los hombres. Ahora nuestro alimento es hacer la voluntad de Dios.

Quien vive bajo la nutrición del espíritu, es una persona que nunca demandará la responsabilidad de sentirse bien a otras personas.

“No me siento bien…” es un frase muy usada, pero que demuestra la mala alimentación de una persona. Seguramente porque ha comido su propia voluntad.

Lo que sentimos, esta atado y ligado a lo que comemos.

Nuestra vida tomará la forma de la nutrición que llevamos. Somos lo que comemos.

Si nuestra comida es la voluntad del Padre, en ese alimento, esta resuelta nuestra vida de manera integral. Comenzando desde nuestro espíritu, salvando nuestra alma y exteriorizándose en el cuerpo. Nuestra vida será el reflejo de vivir en Su Voluntad. 

Comer Su voluntad, es comer a Cristo.

Nada en este mundo te dará la vitalidad necesaria para ser funcional en el reino, si no solo la verdadera comida.

Jesús fue quien se declaró como “verdadera comida”.

San Juan 6:55-57 NTV

55 Pues mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. 

56 Todo el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. 

57 Yo vivo gracias al Padre viviente que me envió; de igual manera, todo el que se alimente de mí vivirá gracias a mí. 

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