Hay algo que arde en mi corazón, y es el dolor que me genera el ver tantas personas, entre ellos amigos y conocidos, pasar por malos momentos y como terminan siendo rápidamente absorbidos hasta la angustia.
Los malos tiempos a todos nos avecinan. No podremos escapar ni huir de ellos. El secreto no está en descubrir algún método o estrategia para evadir los días malos, sino saber como enfrentarlos.
Hoy deseo colaborar con un pensamiento que el Espiritu Santo me ha regalado.






