En este mensaje profundizamos en la advertencia del autor de Hebreos:
“Es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos” (Hebreos 2:1).
La salvación es un regalo glorioso, pero puede ser descuidada. El desliz no es un pecado repentino, sino un proceso sutil de negligencia, distracción y sentidos extraviados que nos alejan de la voluntad de Dios.
Cada uno debe dar según se lo haya propuesto en su corazón, y no debe dar con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama a quién da con alegría. 2 Corintios 9:7