Cuando El Espíritu Reprende Lo Que El Corazón Imagina

Cuando el Espíritu reprende, las fantasías religiosas se desmoronan y la verdad de Dios se abre paso en lo profundo del corazón. Esto nos muestra que muchas veces no seguimos al Dios verdadero, sino a una versión imaginaria creada por nuestros deseos. Pero cuando su luz nos alumbra, comprendemos que el Evangelio no se trata de sentirnos útiles, sino de ser formados por Él. El Espíritu nos da lámpara y luz: reprende, corrige y guía, para que dejemos de vivir según nuestras imaginaciones y caminemos según la verdad del cielo.

A veces uno no puede llegar a distinguir el evangelio que otras personas viven, simplemente porque andan en sus propias imaginaciones y fantasías. Pero tristemente, en nosotros mismos encontramos estorbos a la hora de experimentarlo a él como vida y realidad, porque tenemos asentadas muchas imaginaciones acerca de él.

Dos asuntos necesitamos atender con urgencia:

  1. Quien es Dios.
  2. Que quiere hacer Dios.

Cuando estas dos cosas no son reales en nosotros, comenzamos a sentir y experimentar todo tipo de sensaciones que nada tiene que ver con lo que Dios esta tratando de hacer en nosotros. Recuerdo un momento de mi vida, en donde la oscuridad en mi corazón había invadido tanto, que llegue a decirle a Dios: “no me siento útil…” y es hasta el día de hoy que la voz del Espíritu Santo resuena en lo profundo de mi corazón diciéndome:

“¿Quién te dijo que debes sentirte útil?, porque la utilidad no es algo que debe sentirse, sino algo que sabemos y aprendemos en él… somos útiles en la medida que él trabaja en nosotros, y no en la medida que nosotros hacemos cosas para él…”.

¿Qué me estaba sucediendo? Es que sencilla y complejamente, andaba en las imaginaciones de mi corazón. Y es allí que no solo aparecen los conflictos, por causa de aquellas imaginaciones que toman fuerza en nuestro interior, sino que tambien es distorsionada nuestra manera de servirle a él.

A veces solo tenemos en nuestra imaginación a “un dios” que quiere “darnos cosas”, pero jamás la gente llega a ver al Dios que quiere desarraigar el pecado en ellos. Nos hacemos la imagen de un Dios que nos llama a prosperidad material, que nos llama a sanidad física, pero ignoramos el Dios que nos llama a prosperidad en el alma, en las emociones y en el espíritu, y que también, nos llama a santidad e integridad. En pocas palabras construimos “un dios” que acaricia nuestro ego llenándolo de cosas, pero jamás nos acercamos a la realidad de un Dios verdadero que quiere vaciarnos para Su Gloria.

El “dios” que quiere darnos “cosas” es el dios de nuestro corazón, pero el Dios que desea vaciarnos para su gloria, es el Dios que desde el principio se está dando a conocer.

Jeremías 13:10 RV60 “Este pueblo malo, que no quiere oír mis palabras, que anda en las imaginaciones de su corazón, y que va en pos de dioses ajenos para servirles, y para postrarse ante ellos, vendrá a ser como este cinto, que para ninguna cosa es bueno.”

¿Cuántos de nosotros hemos sido siervo y esclavo de nuestras imaginaciones?

Cuando las imaginaciones toman lugar en nosotros, venimos a ser como ese calzoncillo (cinto) que para ninguna cosa es bueno. Podemos alardear, y alegrarnos por quienes somos (o parecemos ser) frente a las personas, pero para su propósito muchos se volvieron como un calzoncillo podrido: inútil.

Y cuando las imaginaciones, fantasías y caprichos se apoderan de nosotros (porque le damos fuerza y lugar), terminamos forzando y obligando a las escrituras para que encajen en nuestras imaginaciones, tratando de que las escrituras se ajusten a nuestras fantasías y emociones (las cuales muchas de ellas son falsas). 

Proverbios 6:23 LBLA “Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza luz, y camino de vida las reprensiones de la instrucción,”

NTV: “su mandato es lámpara y su instrucción es luz…”

Necesitamos abrazar la palabra en toda sus expresiones y con todo su contenido, porque ella tiene la capacidad de decirnos no solo “qué hacer”, sino “cómo hacerlo”.

¿Puedo tener una lámpara sin luz? ¡por supuesto que sí! Es como tener un mandato u orden sin entender como ejecutarla. La lámpara es el “que hacer”, la luz es el “como hacerlo”.

Como Iglesia necesitamos: lámpara y luz. Este es el trabajo del Espíritu Santo, proveernos lámpara y luz; es decir, él nos provee Su Palabra:

Salmo 119:105 RV60 “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.”

Lámpara y luz es lo que necesita el cristiano para caminar en la voluntad de Dios. Es el Espíritu Santo quien nos da entendimiento en el presente (lugar donde mis pies pisan hoy) y entendimiento (luz) para el camino.

En Su palabra siempre encontraremos todo lo que necesitamos para caminar una vida que agrade a Dios, y allí es donde no solo encontramos las connotaciones “positivas”, sino aquellas que frente a nuestro ego parecen “negativas”: la disciplina y las reprensiones que nos llevarán a vivir la vida que él predestinó para nosotros.

Si vivimos una vida que se disocia de las represiones, es entonces que solo tendremos un evangelio acomodado a nuestros deseos, amoldado a nuestro ego y no un evangelio que destruya nuestro ego.

Nuestro crecimiento y desarrollo de la fe viene con las reprensiones del Espíritu Santo en nuestro interior… él, quien es la unción en nosotros, enseña con luz y en su luz somos reprendidos.

¿Por qué es necesario experimentar correcciones? Porque todos comenzamos siempre con imaginaciones, y cuando hay imaginaciones siempre habrá confusión en la comprensión del propósito de Dios: comenzamos a ver el propósito como algo personal (mal llamado “mi ministerio”), y nos volvemos incapaces de ver la función y la posición que Dios nos dio en Su Cuerpo (la Iglesia).

Las imaginaciones nos vuelven caprichosos, para vivir “un evangelio diferente”, en donde mis obras siempre estarán por encima de la fe (problema de la Iglesia de los gálatas).

Sin embargo si nos abrimos a la obra del Espíritu Santo, él es el único capaz de guiarnos a lo profundo de Dios, y hacernos entender lo que el Padre nos ha concedido. 

1 Corintios 2:9-12 RV60 “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman. 10  Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. 11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. 12  Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido…”

Pablo viene contrastando la sabiduría humana con la sabiduría de Dios. Ahora bien, observemos el gran peligro de introducirnos en un conocimiento humano: todo lo necesitamos comprender naturalmente. Y este es el peligro, que las cosas que Dios preparó para nuestra gestión en la tierra, no entrarán en la razón humana natural, sino que solo serán comprendidas por el espíritu de Dios.

Pablo no está hablando de las cosas que “nos esperan en el cielo”, sino de aquellas cosas reservadas para la gestión de nuestra misión en la tierra; es entonces que nada será posible sin el espíritu de Dios, porque SOLO ÉL es capaz de darnos el verdadero entendimiento: lámpara y luz.

Si hay lámpara y luz, siempre habrá corrección y reprensión… las amonestaciones en nuestro interior, son fruto de la obra del Espíritu Santo trabajando para hacernos comprender el plan de Dios.

  • “Lo que ojo no vio ni oído oyó…”: no habla de una percepción física del ojo y el oído, sino de VER Y OIR CON ENTENDIMIENTO ESPIRITUAL… en otras palabras nos esta diciendo que el Espíritu Santo nos hace capaces de ver aquello que ningún ojo humano puedo discernir, y oír aquello que ningún oido natural pudo escuchar.
  • “no ha subido al corazón del hombre…”: literalmente nos esta diciendo que lo que él nos dará en comprensión, jamás pasó por la imaginación del hombre.
  • “Lo que Dios preparó para los que le aman…”: Dios dispuso un plan desde antes de la fundación del mundo para aquellos que aprenden a “esperar” en sus palabras (esto es amar: permanecer en sus palabras). Es decir, alguien que no se adelantó intelectualmente, sino que en su interior esperó y guardó sus palabras para que ellas alumbren.

Entonces, el contraste es muy fuerte:

  • El ojo humano no vio.
  • El oido no oyó.
  • El corazón no imaginó
  • PERO EL ESPÍRITU REVELÓ.

Todo lo que Dios había ocultado en tiempos antiguos, hoy lo desnuda y lo muestra por medio de Su Espíritu Santo. 

Necesitamos entender que jamás, en nuestra propia humanidad, razón y experiencia, seremos capaces de comprender los misterios de Dios. Dios se da a conocer y comunica todos sus “qué” y todos sus “cómo” por medio del Espíritu Santo. 

Creo que necesitamos pedirle al Espíritu Santo, tener una vida atiborrada de sus instrucciones y reprensiones. Las instrucciones se manifiestan después de las reprensiones.

Es Pablo a los romanos que les dice que los judíos estaban dispuestos a perder sus propias vidas por las imaginaciones que tenían (saulo de tarso es un ejemplo). El celo que cada uno de ellos tenía, no era conforme a Dios. Ellos rechazaban la justicia de Dios para apropiarse de una justicia personal motivada por sus imaginaciones. 

Romanos 10:2–3 RV60  “Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia; porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios.”

Pablo está hablando de Israel, explicando que su celo religioso no estaba guiado por el conocimiento correcto: querían alcanzar justicia por medio de sus obras y su ley, en lugar de someterse a la justicia que proviene de Dios por la fe en Cristo.

No hace falta mirar afuera para ver estas cosas, sino que es suficiente mirar hacia adentro para encontrar imaginaciones, fantasías y caprichos.

Si anhelamos los juicios de Dios, entonces encontraremos un camino de justicia, porque donde hay juicio, hay justicia.

Salmo 119:15:32 RV60 “En tus mandamientos meditaré; Consideraré tus caminos. 16  Me regocijaré en tus estatutos; No me olvidaré de tus palabras. 17  Haz bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra. 18  Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley. 19  Forastero soy yo en la tierra; No encubras de mí tus mandamientos. 20  Quebrantada está mi alma de desear Tus juicios en todo tiempo. 21  Reprendiste a los soberbios, los malditos, Que se desvían de tus mandamientos. 22  Aparta de mí el oprobio y el menosprecio, Porque tus testimonios he guardado. 23  Príncipes también se sentaron y hablaron contra mí; Mas tu siervo meditaba en tus estatutos, 24  Pues tus testimonios son mis delicias Y mis consejeros. 25  Abatida hasta el polvo está mi alma; Vivifícame según tu palabra. 26  Te he manifestado mis caminos, y me has respondido; Enséñame tus estatutos. 27  Hazme entender el camino de tus mandamientos, Para que medite en tus maravillas. 28  Se deshace mi alma de ansiedad; Susténtame según tu palabra. 29  Aparta de mí el camino de la mentira, Y en tu misericordia concédeme tu ley. 30  Escogí el camino de la verdad; He puesto tus juicios delante de mí. 31  Me he apegado a tus testimonios; Oh Jehová, no me avergüences. 32  Por el camino de tus mandamientos correré, Cuando ensanches mi corazón.

Cada palabra expresada en este salmo, debería ser una oración constante que brote de un corazón sincero… si esta es nuestra oración, Dios responderá contundentemente con la obra de Su Espíritu.

Quizás muchos han cometido el error de recibir a Jesús como salvador, pero hasta el día de hoy es que ignoran: “de que deben ser salvos…”. 

Cuando esta ignorancia se perpetúa, terminamos imaginándonos cosas que Dios nunca nunca dijo ni pensó. Dios quiere salvarnos de algo que para nosotros “es normal”: nuestra vida. Él viene a salvarnos no solo de aquellas cosas que en nuestro juicio vemos mal, sino tambien de aquellas cosas que identificamos como “buenas”. Lo bueno y lo malo que tratamos de ser y hacer fuera de él, es lo que Dios quiere eliminar. El fin es vivir para su voluntad y no para la nuestra. 

Lamentablemente muchos creen que Dios vino a salvarnos de las consecuencias del pecado; sin embargo él vino para algo mayor: salvarnos del poder del pecado.

Dios no nos salva de las consecuencias del pecado, sino del poder del pecado: 

  • Romanos 6:6-7 RV60 “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7  Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.”
  • Romanos 6:14 RV60 “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”
  • Romanos 8:2 RV60 “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.”

Juan 8:31-36 RV60 “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32  y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33  Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? 34  Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 35  Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36  Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

“Si permanecemos en su palabra seremos verdaderamente sus discípulos”: Discípulo no es el que cree en el, sino el que guarda y permanece. Es entonces en ESTE PUNTO que conoceremos la verdad que nos hará libres (no en otro contexto, sino en un contexto de discipulado).

A veces pensamos que somos libres por creer y por acercarnos a él; y no es así, necesitamos conocer la verdad, y la verdad se conoce con un corazón de discípulo. Si el hijo nos libera, seremos verdaderamente libres: ¿libres de que? Libres del pecado, libres de hacer y practicar el pecado.

A veces no amamos a Dios, sino que solo amamos las imaginaciones que tenemos acerca De Dios.

El verdadero amor se expresa cuando nos negamos a nosotros mismos, cuando cedemos nuestra voluntad… amar y seguir en nuestra propia voluntad, es tener un afecto hacia Dios, pero tal cosa no es amor.

Juan 14:23 RV60 “…El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.”

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