La práctica de todo lo que nos propone el Evangelio está en el Espíritu Santo y en la gracia de nuestro Señor Jesucristo, la cual siendo abundante en nosotros, es suficiente para llevarnos a vivir una vida que agrada a Dios.
Cada uno debe dar según se lo haya propuesto en su corazón, y no debe dar con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama a quién da con alegría. 2 Corintios 9:7