Hemos llegado a nuestra «IV parte» de estos pensamientos sobre la idolatría moderna y sus deformaciones. En este día quisiera inclinarme mas sobre aquello que sucede dentro de un corazón que está entregado ante la idolatría.
EL SECRETO, LA TENTACIÓN DE DEMOSTRAR Y EL PROPÓSITO DE MOSTRAR.
Lo que somos en lo secreto, es lo único que verdaderamente seremos en público, aunque nos maquillemos y nos cubramos con túnicas esplendorosas que tapan nuestra vieja humanidad. Cuando no nos revestimos de Cristo, nos revestimos con la túnica de los ídolos (todo lo parecido a Dios).
Vivimos en la era del parecer. Ya no importa el ser, solo el parecer. Por lo tanto para SER representantes (reyes y sacerdotes) es necesario morir con él, pero como nadie quiere morir, se opta por renunciar a algunas cosas, y esas renuncias aisladas, nos proveen túnicas parecidas (vidas parecidas) a la Vida Divina.
Hay muchos camarines y closet de maquillaje y preparación. Solo se desea preparar ministerialmente a esta generación, pero no hay un deseo profundo de ser UNO en esencia, naturaleza y carácter.
Las renuncias aisladas, siempre te proveerán una túnica parecida y una imagen aprobada por el publico hambriento de sensaciones y experiencias superfluas. Pero solo la muerte te revestirá de Cristo, para que en todo él sea visto.
Cuando aceptamos el arropamiento y los atuendos de este mundo, también aceptamos agradar al mundo antes que a Dios. El mundo no necesita nuestra caridad y comprensión… el mundo necesita del amor de Dios, que solo puede ser dispensado por medio de la Iglesia, mediante acciones que nacen desde la obediencia a la verdad. Aquí podríamos hablar mucho sobre la expresión y dispensación de Su amor, ya que La Iglesia (Cuerpo de Cristo) es la única que puede hacerlo, y esta lo hace mediante miembros en unicidad de los unos con los otros, y mediante la comunión con la cabeza, la cual es Cristo.
Cuando nos colocamos en las filas del parecer, la simulación será el desgaste de nuestras vidas y la actuación nuestra arte más forzada. El stress aparece, y las incoherencias se vuelven el acto principal con el cual nutrimos a nuestras generaciones. Quien come incoherencias, se nutrirá de incredulidad.
Dios está trabajando en nosotros, para que desde lo más profundo y secreto de nuestro ser, seamos la fiel expresión de aquella porción de Cristo confiada a nosotros por Su Gracia. La expresión de todas las porciones, hacen a la expresión de una persona. Por lo tanto la fidelidad de la Iglesia, comienza con la fidelidad en lo secreto —el secreto de cada uno de nosotros como individuos / miembros—.
En estos días, pensando y rumiando estas palabras, fui llevado a leer mateo 5, 6 y 7. Desde que Jesús comienza su mensaje (sermón del monte o bienaventuranzas), apunta a lo recóndito del hombre, es decir, apunta a la naturaleza: LO QUE SOMOS.
Podemos recordar aquella palabra que resuena repetidamente su enseñanza y teje cada versículo: “bienaventurados”.
La dicha nunca estará sobre aquellos que viven y practican la justicia propia, sino que bienaventurados son aquellos que por causa de ajustarse a la justicia de Dios, tienen que padecer incomodidades y sufrimientos. La justicia de Dios, es la misma voluntad de Dios. Desde aquí parte una de las enseñanzas más poderosas y completas de Jesús, cuando por sobre todas las cosas, él coloca Su causa y Su justicia.
En este mensaje, Jesús apunta directamente a la naturaleza que nos gobierna y crece desde nuestro interior, haciéndose visible al exterior mediante la madurez. Por ejemplo: somos sal y somos luz. No somos la sal de la Iglesia, ni la luz de los cristianos; sino que somos la sal de la tierra y la luz del mundo. Jesús deja en claro el campo o ámbito a afectar por causa de la naturaleza. La esencia que nos gobierna, determina el lugar que afectaremos. Sin embargo, al llegar al versículo 21 (y en adelante), comienza un chequeo intenso y profundo de las cavernas de nuestros corazón, metiendo así, en el secreto del hombre.
Los tema que toca: homicidio, adulterio, lujuria, proceder del hombre, justicia propia, odio, ofrenda (lo que el hombre entrega), etc. Pero al llegar al capítulo 6, asegura que todo aquello que hacemos a la vista de nadie —es decir, en el secreto— tendrá su recompensa.
Mateo 6: 6 RV60 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
Sin dudas que el deseo de la manifestación del reino de Dios es fuerte en nosotros, sin embargo, tristemente se cree que dicha manifestación vendrá por acciones y gestiones que hagamos. Debo decir, que la pureza del Reino de Dios será vista por medio de una generación que aprendió a resolver el secreto; lo que nadie ve.
Amamos lo público, y quiero aclarar que nada hay de malo en ello, no obstante, lo publico se utiliza para demostrar lo que normalmente no podemos mostrar.
Aprendí en estos días la diferencia entre: demostrar y mostrar:
Demostrar: hacer que algo sea visto, utilizando como medio mis esfuerzos, ya que nos urge la necesidad de que aquello que queremos que se vea, sea visto. El fin de demostrar es convencer de algo a quienes me rodean.
Mostrar: Poner algo a la vista, exhibir. Aquí no hay esfuerzos, ni el afán de querer convencer a quienes nos rodean.
Hoy tenemos muchos que están intentando demostrar espiritualidad, vida de oración, consagración, etc. los esfuerzos son numerosos, y son los primeros en tener “acciones espirituales” —a lo que gustosamente le llamaré “espiritualitis”, que es la inflamación y deformación de la verdadera espiritualidad—.
La “espiritualitis”, es la acción desmedida y forzada de quienes nada tienen para mostrar. Solo demuestran aquello que aun viven en la muerte propiciada por sus delitos y pecados, por causa de no tomar su cruz. Ellos solo se sienten sustituidos por Jesús en la cruz, mas no se ven representados —juntamente con él crucificados—.
Efesios 2:7 RV60 …para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
Pablo viene hablando de aquella unión con Cristo Jesús, unión que nos resucitó y nos hizo participantes de su vida —como la rama que participa de la vida del árbol—. Así es que Jesús plantea la parábola de la Vid Verdadera: un árbol, un labrador y ramas que MUESTRAN y visibilizan sin esfuerzos, la saturación de vida en su interior.
Estamos tan preocupados para que él sea visto, que no nos ocupamos. De esta manera, descuidamos el secreto. Dios esta ausente en el secreto de muchos. Las personas administran un secreto vano, un secreto vacío de Dios. Por esta causa, tenemos mucha simulación de ministración (desarrollando actividades supuestamente ministeriales) que escasean de una verdadera suministración del espíritu por medio de los dones y la gracia concedida.
¿A que nos referimos? Nos referimos a todo aquello que hacemos para Dios y Su Iglesia, teniendo en tinieblas nuestros corazones. Hacemos y decimos cosas correctas, pero nada de Dios es ministrado por causa de no tener resuelto el secreto; las recompensas (los frutos) hablaran de ello.
De nada sirve hacer y decir lo correcto, cuando nuestro corazón no es correcto. Lo único que logramos es una cosecha de glorias personales y buena reputación, alejándonos de la verdadera purificación y aprobación del Padre.
Recibimos (recompensas) y damos (ministrar) fielmente todo lo que somos en lo secreto.
Es la oración en secreto, que reconcilia nuestros pensamientos con los del Padre. Es allí —solo allí— que nuestros pensamientos son absorbidos por su mente. Solo en la oración la mente de Cristo se apodera de todo nuestro ser. Somos gobernados en la medida que la oración nos gobierna y su espíritu nos llena. La llenura del espíritu es el gobierno de Dios en nosotros por medio de la oración.
Nuestra vida es idéntica a nuestro secreto. Impactamos y reflejamos aquello que somos en el anonimato. A las 3 am no hay redes sociales, no hay luces, tampoco escenarios. Allí cuando se cierra la puerta no hay fotos, ni posibilidades de aparentar. Allí solo estamos expuestos a la verdad. El aposento (habitación) determina la vida que viviremos y lo que mostraremos. La vida secreta expone nuestros verdaderos tesoros. No son los tesoros que hacemos públicos, sino los tesoros a los cuales nuestro corazón esta verdaderamente rendido.
Mateo 6:19-21 RV60 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
La habitación de nuestro corazón —lugar donde este reposa— es el lugar de nuestros tesoros. Y de allí mana la vida. Es decir, fluimos conforme al tesoro donde se recuesta el corazón. No existe nada que pueda falsificar esto, esta es la realidad de la ministración que tenemos, mas allá de que utilicemos el discurso correcto y las palabras o la enseñanza adecuada. Al fin y al cabo, lo que impartimos, no son palabras, sino una naturaleza, una vida.
Lo que verdaderamente me importa y persigo, expone la salud y el estado del corazón. Una de las maneras de descuidar el corazón, se logra escogiendo el tesoro incorrecto.
Es entonces, que todo esto nos lleva a ver… podemos ver bien o ver mal. La pregunta es: ¿qué veo y cómo lo veo?
La claridad de nuestro ser interior, radica en cómo miramos los asuntos que nos rodean.
Mateo 6:22-23 RV60 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?
La versión MSG: “Tus ojos son ventanas a tu cuerpo. Si abres bien los ojos con asombro y fe, tu cuerpo se llena de luz. Si vives con los ojos entrecerrados por la codicia y la desconfianza, tu cuerpo es un sótano mohoso. Si bajas las persianas de tus ventanas, ¡que vida mas oscura tendrás!”
Tener Luz y Claridad no es saberlo todo y tener “todos los asuntos claros”, sino que es tener claridad necesaria para ver con los ojos del entendimiento. No se trata de entender todo, sino entender conforme hoy se me exige obedecer.
Esta claridad (ver con los ojos de la fe, con los ojos del entendimiento), nos conduce a la única fidelidad que Dios demanda de la Iglesia. En esta fidelidad, Dios recibe el fruto que solo él desea recibir.
La fe todo lo entiende. No desde el absolutismo, sino desde la asignación. Es decir, vemos y comprendemos únicamente lo que se nos está demandando. Por esta razón hay cosas que no comprendemos. Dios no quiere que entendamos lo que no nos corresponde, sino solo aquello que verdaderamente importa.
Los ídolos no pueden habitar en corazones alumbrados por el entendimiento del Señor. La idolatría no puede soportar la luz del conocimiento profundo de nuestro Señor. Cuando la fe crece, la idolatría pierde terreno.
Vemos, oímos y hablamos conforme lo que se ha formado y se ha alumbrado en nuestro interior. La vida que vivimos no es inocente; ella es idéntica a lo que hemos formado, guardado y atesorado en nuestro interior.






