Muchos pueden parecer cristianos, hablar como cristianos e incluso admirar a Cristo, pero el evangelio no consiste en parecerse, sino en ser transformados por una obra real del Espíritu Santo.
En este mensaje reflexionamos sobre la diferencia entre la imitación y la rendición, entre admirar a Jesús y abrazarlo como el Tesoro por el cual vale la pena perderlo todo. A la luz de las palabras de Cristo, veremos cómo la aprobación de los hombres, nuestros propios deseos y los tesoros ocultos del corazón pueden impedirnos caminar en la vida que Dios preparó para nosotros.
Porque al final, la pregunta no es cuánto sabemos, cuánto hacemos o cuánto nos parecemos a otros creyentes. La verdadera evidencia está en una sola cosa: si hemos encontrado el Tesoro que transforma la vida para siempre.