Dios no hiere para destruir, sino para sanar:
Su Palabra, como espada, penetra hasta lo más profundo del corazón, separando lo que debe morir de lo que debe vivir. En este mensaje, el Espíritu Santo nos lleva a través de textos como Nehemías 8, Salmo 19 y 2 Corintios 7, mostrando cómo el pueblo de Dios lloró al oír Su Palabra… pero fue ese llanto el inicio de la restauración.
Cada uno debe dar según se lo haya propuesto en su corazón, y no debe dar con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama a quién da con alegría. 2 Corintios 9:7