¿Estamos dispuestos a ser transformados por la Palabra de Dios?
No se trata solo de cambiar, sino de ser transformados en la mente y el espíritu, como nos enseña Romanos 12:1-2. El verdadero culto no es solo una reunión, sino una vida entregada, moldeada por Dios y para Dios.
Cada uno debe dar según se lo haya propuesto en su corazón, y no debe dar con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama a quién da con alegría. 2 Corintios 9:7