Esta primera parte del mensaje nos confronta con una realidad: hemos tratado de ser cristianos sin el Espíritu Santo. Hemos sustituido Su guía por la voz de hombres, cursos, métodos y estructuras, olvidando que solo la unción del Santo puede enseñarnos todas las cosas.
Cada uno debe dar según se lo haya propuesto en su corazón, y no debe dar con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama a quién da con alegría. 2 Corintios 9:7