Muchos hoy viven un cristianismo sostenido por actividades, hábitos religiosos o expectativas ajenas… pero no por el nuevo nacimiento ni por el impulso del Espíritu Santo.
Este mensaje confronta esa falsa seguridad y nos llama a volver al único lugar donde la vida cristiana inicia y se sostiene: la cruz de Cristo.
Cada uno debe dar según se lo haya propuesto en su corazón, y no debe dar con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama a quién da con alegría. 2 Corintios 9:7