La fe verdadera no es teoría espiritual ni memoria de lo que Jesús hizo, sino la obra de Cristo actuando hoy dentro de nosotros, purificando la conciencia, moldeando nuestro carácter y guiándonos en obediencia diaria. A la luz de 1 Timoteo 3:8-9, reflexionamos sobre lo que significa guardar el misterio de la fe con limpia conciencia: vivir sin doblez, sin contradicciones, sin conveniencias personales, sosteniendo con la vida aquello que proclamamos con los labios.