Niños plenos, familias plenas: ¿fantasía o realidad?

By Victoria Carmona

El sueño de todo padre o mentor de niños es que sus hijos logren alcanzar metas, cumplan propósito, tengan una vida saludable y sean criaturas que caminen con una identidad firme que les permita crecer y madurar para convertirse en hombres y mujeres de bien. Hijos que, aun en su corta edad, sean de influencia en nuestra sociedad, capaces de transformar ambientes hostiles en entornos de paz y seguridad. ¿Esto es una fantasía o un sueño hecho realidad?

Realidad del mundo

El hecho es que si miramos a nuestra alrededor podemos observar una niñez sufrida, golpeada, abandonada y frustrada en todos los estratos de la sociedad. Una niñez impulsada al engaño y error.  Quienes los frecuentan pueden pensar ¿Qué futuro hay para ellos?

Esta es la cruda realidad  del mundo, una realidad que el hombre estableció al vivir sin una perfecta guía, haciendo lo que bien le parece, criando y formando a las generaciones bajo sus parámetros y posibilidades. Los resultados que vemos son consecuencia de que la familia, diseño perfecto de Dios, se ha corrompido.

Pero existen las Buenas Noticias que lo cambian todo, noticias que hacen que seamos sumergidos en otra realidad, la realidad de Dios que podemos disfrutar sus hijos.

Realidad de Dios 

 El diseño de Dios para la humanidad siempre fue y será la  familia. El nunca pensó en individuos, sino en  familias.

Ella es el  marco perfecto para el desarrollo de sus miembros en el propósito divino de Dios. Por eso es necesario que las familias se construyan sobre el cimiento correcto para que ante las circunstancias difíciles se mantengan firmes. El cimiento inconmovible es Cristo, por lo tanto, toda familia edificada en Él permanece y es de influencia para toda la sociedad. Familias que reflejen la gloria de Dios, es Su diseño perfecto. Familia involucra a Papá, mamá e hijos sin importar la edad. A través de uno de estos miembros, la Luz puede llegar a los hogares.

Hoy llegan muchos niños a nuestro encuentro, no por casualidad, sino porque a Dios así le plació, muchos con sus familias que aun no conocen las Buenas Noticias. ¿Qué podemos hacer por ellos?

Simplemente impartirles la poderosa vida de Cristo que portamos. 

Tengamos en cuenta que la niñez es una etapa fundamental de la vida en la cual se colocan los cimientos sobre los cuales las experiencias vividas y conocimientos adquiridos  irán edificando el carácter e identidad del niño siendo estos definitorios para la adultez.

Ellos son como una esponja que absorben para si todo lo que se les ofrezca. Se caracterizan por su curiosidad y necesidad de atención continua, son excelentes observadores y su disposición para recibir es enorme. 

Tenemos una gran tarea para desarrollar con los niños.

Sus tiernos corazones están preparados para recibir el alimento de vida que es Cristo, el cual puede fortalecer su ser integral. Niños saludables en espíritu, alma y cuerpo, es el diseño de Dios para todas las generaciones. 

¿Qué nos demanda esta maravillosa tarea?

  1. Manifestar a Cristo en nuestro diario vivir.  Siendo coherentes en lo que decimos y hacemos.
  2. Preparación para esta tarea, capacitándonos.
  3. Ver como Dios ve. 
  4. Amar como Dios ama.
  5. Estar atentos a la necesidad.
  6. Dejarnos moldear cada día por nuestro Señor.

Nuestro fundamento, en el cual se sustenta  nuestra de vida, es lo primordial para dar vida a nuestros niños. Las acciones hablan más que las palabras, nuestra manera de vivir es la que nos da la autoridad para impartir lo que tenemos. 

Transmitimos lo que somos, eso impacta las vidas. 

Sin duda que un niño que recibe la vida de Cristo es transformado y esa vida indestructible en su interior se impartirá a su familia y la hará plena.

¡Gran trabajo tenemos con esta preciosa niñez que Dios nos ha entregado! ¡Manos a la obra!

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