Reino & Adoración (parte 1)

Reino & Adoración I: "La experiencia, la vigencia y la Verdad Presente."

Reino & Adoración I: “La experiencia, la vigencia y la Verdad Presente.

Cuando tocamos asuntos eternos, debemos tener mucho cuidado de que aquellas palabras que recibimos del Señor, no sean filtradas y/o manoseadas por nuestro ego. Nuestro “yo”, muchas veces convierten a La Palabra, en palabras subjetivas, que tienen origen en Dios, pero que son tergiversadas por nuestras experiencias y/o corazón.

Oro al Señor para que las palabras escritas en las próximas líneas, sean altamente objetivas, y colaboren para el incremento de Cristo.

La introducción que deseo hacer, sencillamente tiene que ver con este punto: la experiencia y la vigencia.

No podemos bastardear la experiencia que hasta aquí hemos acumulado; pero tampoco podemos permitir que ella nos gobierne y se empodere de nuestras decisiones. Las experiencias que vivimos en el señor, son evidencias de nuestro crecimiento y madurez, pero de ninguna manera las experiencias se vuelven en licencias que nos habilitan para extender el Reino de Dios.

Las experiencias enriquecen pero no habilitan.

El claro ejemplo lo encontramos en Jesús y sus discípulos. Luego de que Jesús haya resucitado, estuvo 40 días con sus discípulos, y las palabras finales —antes de sentarse a la derecha del Padre— fue: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

Sus discípulos aun no habían entendido que el Reino de Dios era el mismo Jesús, y que ellos iban a tener el privilegio, no solo de portarlo, sino de representarlo y extenderlo. No obstante, le respuesta de Jesús fue clara al decir: “no se muevan de aquí hasta que ustedes no hayan sido investidos por el poder del Espiritu Santo…”

Las experiencias de mas de tres años que los discípulos habían tenido con su maestro, de ninguna manera serviría como licencia o habilitación para extender el Reino del Padre. La orden fue clara: quédense quietos.

Estos discípulos son aquellos que no solo habían visto y oido todo de su maestro, e incluso, ellos habían sido enviados de dos en dos para sanar a los enfermos y libertar a los cautivos. Podemos decir, que tenían extraordinarias experiencias acumuladas. No obstante Jesús deja en claro que las experiencias jamás calificarán a alguien, sino que aquello que habilita para representar y expandir el Reino es el Espiritu Santo, porque es por medio de él, que tendremos vigencia eterna. 

Ser testigo fieles no solo trata de haber visto y oido, sino de ver y oír. ¿Ve usted esta diferencia? Lo que deseo señalar es que no es suficiente con aquello que ayer vi y oí, sino que este reino requiere vigencia: ver y oír hoy.

Esta vigencia puede ser vivida, mientras estemos bautizados y gobernados por el Espiritu Santo. Por eso se nos dice que recibiremos PODER.

PODER DE DIOS, es recibir y participar de Su Dinastía {dunamis}. Participar de este Reino inconmovible, es participar de una dinastía eterna, en donde el ver y el oír, es un presente continuo y no un pasado que nos detiene y nos limita en la expresión.

Muchas veces la expresión del reino esta limitada a la dinastía que nos gobierna. La dinastía del Reino de los Cielos, es una dinastía que gobierna mediante una verdad presente y no mediante verdades caducadas o incompletas.

La dinastía del reino de los cielos honra la experiencia, pero jamás permitirá que ella gobierne nuestras vidas.

Las experiencias quedan atrás a la hora de ver y entrar al Reino —tenemos este claro ejemplo en Nicodemo, quien tenia que nacer de nuevo para ver y entrar al Reino de Dios—.

La cruz nos permite nacer a una vida nueva, en donde somos engendrados por Dios. Dios nos engendra con la palabra, para comenzar a ver su dominio y luego entrar para vivir bajo su dominio.

Podemos tener claridad a la hora de ver Su dominio eterno, pero hay toda una vida de rendición desde el ver al ser gobernados.

Fuimos llamados a vivir en su Reino. No podemos representar un dominio que no nos gobierna.

Quienes hemos recibido este reino, adoramos. Porque no conocemos otra vida, sino solo una vida de adoración.

Hebreos 12:28 NVI «Así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a él le agrada, con temor reverente,»

Adoración es reconocer a aquel que gobierna nuestra vida. Todo lo que nos gobierna se lleva nuestra adoración. En otras palabras, servimos a quien nos gobierna. Por tal motivo podemos servir al pecado o a la justicia.

Romanos 6:16 NVI ¿No se dan cuenta de que uno se convierte en esclavo de todo lo que decide obedecer? Uno puede ser esclavo del pecado, lo cual lleva a la muerte, o puede decidir obedecer a Dios, lo cual lleva a una vida recta.

Aquí la palabra “obedecer” es “jupakoé” (griego) escuchar con atención.

Toda obediencia siempre será el fruto de aquel “escuchar con atención”.

El Reino de Dios es vivido, representado y manifestado mediante el gobierno del Espiritu Santo en nuestras vidas. El Espiritu Santo tiene la misión no solo de consolar, sino de recordar las palabras que estamos oyendo, porque solo de esta manera podremos ser guiados a la verdad. Ahora bien, la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿Qué estamos recordando? Porque es imposible recordar aquello que nunca nos fue enseñado.

La falta de exposición a las escrituras y a las autoridades ministeriales, nos descalifica para recordar. Solo se puede recordar aquello que primeramente se oye y aprende. 

Necesitamos hacer memoria de aquellas palabra de Dios a Jeremías: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” (Jeremías 33:3).

Lo que no conocemos nos será enseñado, y aquello que nos es enseñado, nos será recordado.

De esta manera Dios responde al hombre: enseñando.

Podemos decir que la respuesta de Dios a nuestros dilemas, esta en su enseñanza y en la tarea que el Espiritu Santo tiene de recordarnos lo que él nos enseñó. 

Hasta el momento tenemos: una voz, una enseñanza, un recordar y ahora una adoración.

Nuestra adoración tiene forma y dirección de la voz que la gobierna. Dime la voz que oyes y te diré a quien adorarás y/o servirás. 

Adoración y servicio van de la mano. Nadie puede servir sin haber definido su adoración. Servimos a quien adoramos.

No hay reino sin adoración (servicio). Y no hay adoración sin obediencia.

Por tal razón esta adoración espiritual es nosotros al servicio de Dios y no Dios a nuestro servicio.

Adorar a Dios con temor reverente, es reverenciar nuestro oídos para solo oír lo que él dice. Porque una efectiva audición, hará efectiva la acción.

Adorar es rendirnos a quien tiene toda la autoridad sobre nuestra vida.

No podemos adorar sin antes haber reconocido quien es aquel que nos gobierna y a quien nos sométenos. 

Reino y adoración van de la mano. Adoramos al caminar en la verdad presente.

Quien escribe a los hebreos, deja en claro que aquel que experimenta el arribo de este Reino Inconmovible a su vida, expresará este reino mediante la gratitud, e inspirados en esta gratitud serviremos (adoraremos) como a él le agrada.

La expresión del reino es la adoración, es decir, la gestión fiel y exclusiva de aquello que Dios pide.

Se que en otros tiempos hemos confundido la adoración con acciones y canciones expresadas dentro de un ámbito eclesiástico, y quizás mucho de ello ha sido adoración, pero no podemos reducir las acciones que tenemos en una congregación a la vida de adoración.

La adoración es el servicio al rey.

Entonces, aquí vuelvo a repetir para ampliar el siguiente concepto: adoramos al caminar en la verdad presente.

2 Pedro 1:12 RV60 Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis y estéis confirmados en la verdad presente.

El recordar asegura y reafirma nuestra confirmación. ¿Porque es necesario recordar? Porque cuando recordamos, cuidamos nuestro corazón y lo alimentamos con alimento nutritivo, para que en medio de la hostilidad —y aun cuando todo acabe— estemos firmes. Recordar significa: volver a pasar por el corazón, {del latín “re-cordis”}.

La verdad presente es la materia prima para estar fortalecidos. Una verdad caducada —lo que seria una simple tradición y/o costumbre— debilita a una generación. Cuando decimos “verdad caducada”, hablamos de una verdad que no se completó, sino que se cerró al proceso de iluminación, que nos hace disfrutar la progresión de todo lo revelado en las escrituras.

El Espiritu Santo trabaja sobre la verdad presente. Por lo tanto no podemos ignorar los tiempos que Dios nos proporciona para crecer en conocimiento y entendimiento, porque la medida de lo enseñado y aprendido, será la medida de lo recordado.

Muchas personas viven escaseando la asistencia del Espiritu Santo, y no porque el Espiritu Santo no quiera ayudarlos, sino porque ellos mismos no han estado expuesto a la enseñanza.

Toda generación tiene respuestas. Las respuestas fluyen desde la respuesta (Cristo) mediante la enseñanza de lo que no hemos visto aun.

Por lo tanto, la tarea del Espiritu Santo —recordar— tiene su cumplimiento no solamente cuando estamos a solas en oración, sino cuando nuestra vida se somete en obediencia al Señor y a las autoridades espirituales que él nos dio.

¿Cómo podemos ser establecidos en la verdad presente? Siendo recordados a través de la repetición de las verdades que han sido aprendidas.

El apóstol Pablo también hizo referencia al mismo principio cuando declara lo siguiente a la Iglesia de Filipo: “Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. Para mí no es molestia el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es útil.” (Filipenses 3:1)

Pablo reconoció la necesidad de repetir las verdades enseñadas. El consideraba que el hacerlo no era tedioso. El propósito era para asegurar, proteger y preservar a la Iglesia. ¿Seguridad y protección de qué o quién? Los apóstoles de la Iglesia primitiva, por medios orales y escritos, advertirían al pueblo de Dios de que se cuidaran de los falsos maestros y sus falsas doctrinas, las cuales estaban destinadas a desviarlos de la verdad presente establecida por Dios.

Filipenses 3:2-3 RV60 Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los que mutilan el cuerpo. Nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. 

Tres veces en el mismo verso —verso 2— Pablo suena la alarma: ¡Guardaos! ¡Cuídense!

¿A quiénes Pablo identifica como a “perros”, “malos obreros” y “los que mutilan”? Las Escrituras nos revelan que eran los falsos maestros judaizantes de los días de Pablo, o sea, los fariseos, escribas y judíos bajo la Ley que hostigaban a los creyentes para someterlos a los rudimentos judaicos.

Entre las muchas descripciones que se puede tener de un mutilador del cuerpo, solo mencionare una: un cuerpo es mutilado cuando se le da como pan una verdad mutilada.

La historia menciona que la frase “parousē alētheia” era la frase que se proclamaba cuando un rey llegaba al pueblo y/o nación que había conquistado. Cuando la conquista era efectuada, el rey ingresaba al pueblo atravesando las murallas, y delante de él un vocero gritando a toda voz  “parousē alētheia”. Esto indicaba que desde ahora en adelante, ninguna otra verdad y/o realidad gobernaría esa nación, sino solo la verdad y realidad que por medio de la voz del rey se oiría. Quizás las personas de ese pueblo tendrían mucho para recordar de su antiguo rey —palabras, leyes, formas, costumbres, etc.— no obstante nada de ello quedaba en pie, porque había llegado un nuevo rey y la verdad que ahora los gobernaba, cambiaría la realidad de la nación.

Esta manifestación de la verdad propulsa el propósito de Dios hacia su cumplimiento en la tierra.

Es entonces que esta verdad revelada y que ahora nos gobierna, nos lleva a que inevitablemente vivamos lo que nunca habíamos pensado ni imaginado vivir.

“Antes bien, como está escrito: “cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman.” (1ª Corintios 2:9)

El Espíritu Santo tiene un papel y una función indispensable en este proceso, desde el principio hasta el fin.

“Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios,” (1ª Corintios 2:10)

El espíritu de verdad (realidad) está en nosotros para manifestar y hacer presente las mismas realidades que Dios ha tenido guardadas para nosotros. 

Juan 16:13 RV60 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

1º Corintios 2:12 RV60 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.

  • Adoramos a Dios cuando Su Reino es nuestro dominio y vivimos sumergidos en la realidad de Dios (verdad presente).
  • Adoramos a Dios cuando nos exponemos al recuerdo que el Espiritu Santo nos proporciona mediante la oración, la palabra y las enseñanzas que las gracias ministeriales dispensan en obediencia al Señor.
  • Adoramos a Dios, cuando dejamos que su verdad sea nuestra única realidad.
  • Adoramos a Dios cuando todo lo que hacemos en esta vida, emana de un corazón humillado y obediente a Su Verdad.

Para cerrar esta primer parte:

Muchas cosas pudimos haber escuchado en nuestra vida. Pero la adoración en espíritu y en verdad siempre dirá: “mas ahora yo digo”.

Esta es una frase que la oímos en Jesús muchísimas veces. Mateo 5 esta repleto de este ejemplo, pero también lo hayamos en otros episodios.

Solo dos ejemplos al azar:

Mateo 5: 27-28 RV60 27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 28  Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

Mateo 5:38-42 RV60 38 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39  Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40  y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41  y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42  Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

Pregunta para cerrar la primer parte: ¿viviremos por lo que se dijo o por aquello que él dice hoy?

  • Adorar es vivir en el “yo os digo”. El adorador sirve al rey no con verdades incompletas, sino con verdades reveladas e iluminadas por el Espiritu Santo mediante la palabra y la oración en una vida corporativa.

Continuaremos…

2 comentarios

  1. Excelente!!! debemos de vivir completamente gobernados por su Espíritu y velar que nada nos haga desviar de su Verdad!
    Graciasssss!!!

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