Sustitutos de Dios: la idolatría moderna y sus deformaciones (Primera Parte)

Un ídolo es todo aquello que ocupa el lugar de Dios. Un ídolo es un sustituto, algo que cambia la dirección de nuestra entrega, adoración y devoción.

Detectando síntomas de la idolatría, eliminando estorbos y recuperando el UNICO SENTIDO.

Salmos 135:15-18 RV60 15  Los ídolos de las naciones son plata y oro, Obra de manos de hombres. 16  Tienen boca, y no hablan; Tienen ojos, y no ven; 17  Tienen orejas, y no oyen; Tampoco hay aliento en sus bocas. 18  Semejantes a ellos son los que los hacen, Y todos los que en ellos confían.

  • INTRODUCCIÓN Y EXPOSICIÓN DE ANOMALÍAS:

Oímos mucho hablar sobre la idolatría, y con ella, siempre cae una especie de acusación para los que literalmente doblan sus rodillas, veneran y adoran ídolos concretos; sin embargo hay mas ídolos abstractos de los que podemos imaginar.

Un ídolo es todo aquello que ocupa el lugar de Dios. Un ídolo es un sustituto, algo que cambia la dirección de nuestra entrega, adoración y devoción. Muchos tienen ídolos de yeso, madera o de cualquier otro material, pero hay quienes también tienen ídolos de carne y hueso. 

Recordemos que un ídolo siempre fue, es y será un sustituto —esta consideración se establece desde la perspectiva de quienes adoramos a Dios—. Tenemos que considerar el hecho de que para los idólatras, su ídolo es “su dios”, o parte de ellos. También puede ser un objeto o un sujeto sobre los cuales el adorador vierte su deseo, expectativa y necesidad. 

Hoy en día vemos que sin llamar “ídolo” a una persona, esta puede serlo para muchos. Cuando la honra deja de ser honra y se sale de la medida y de los principios establecidos por Dios, esta se convierte en idolatría. El exceso, la desmedida, la inexactitud y el desequilibrio de la honra es la idolatría. En otras palabras: si la honra se transforma en veneración (sentimiento de profunda admiración y reverencia por la dignidad de alguien sagrado), estamos hablando de idolatría.

Hay una palabra que describe mejor aun, algunos de los males que vivimos hoy en día: PLEONASMO.

Pleonasmo: abundancia o redundancia innecesaria. Los griegos utilizaban esta palabra para dirigirse a los escritos que perdían poesía y belleza por causa de que le agregaban palabras innecesaria a los textos.

Esto mismo puede verse en diferentes escenarios, cuando innecesariamente añadimos palabras, sentimientos y maximizamos las cualidades de “x” persona, desfigurando así la real belleza de Dios en las personas. La abundancia innecesaria desfigura (cambia la figura) lo que Dios nos otorgó. Si es en relación a un pastor, comenzamos a ver a ese pastor según nosotros y no según Dios.

Dios nos ha dado gracias para que por medio de ellas, seamos edificados, preparados y equipados. Esto lo dice Pablo en la carta a los Efesios: “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio…”. Dios constituye gracias para que TODOS SEAMOS PERFECCIONADOS; y esta perfección se ve reflejada en la misión que la misma Iglesia realiza.

Hoy en día se observan dos anomalías:

  • 1. El ministro que sustituye a Dios.
  • 2. El santo que sustituye a Dios, colocando a una persona en su lugar.

  1. La primera anomalía, señala una conducta inapropiada, en donde la paternidad y los atributos de Dios, no son fielmente representados —de hecho no llegan a ser representados—. Ellos (los ministros) deciden ocupar el lugar de Dios, teniendo así, a las personas en un estado de dependencia absoluta de “sus palabras, consejos, direcciones, etc.”, alejándolos y atrofiando la comunicación que todo santo debe tener con aquel quien es la cabeza, es decir, Cristo. En este punto, dicho sustituto, toma el lugar de “estorbo”, apropiándose así mismo, todo aquello que a Dios le pertenece: Su iglesia. De esta manera, quienes están cerca de estos sustitutos, conciben la idea de que la voz de Dios está monopolizada, y que Él no puede hablarles a través de otras personas.

Es entonces que aparece la segunda anomalía:

  1. La segunda anomalía, personas que hacen de sus autoridades “un dios”. Este es un caso peculiar, y a la vez muy fino. Todos, y absolutamente todos, necesitamos chequear la manera en que respetamos y miramos a nuestras autoridades. Ellos no son Dios. Ellos representan una porción vital y necesaria para nuestras vidas —por eso Dios nos confió en sus manos— pero de ninguna manera, esto nos da el derecho de tomarlo como un reemplazo de nuestra comunión con Dios, dejando así de orar, estudiar y pasar horas conociéndolo a él como Padre soberano en nuestras vidas.

Vivimos días de “apostolatría” o “pastorlatría” —y podemos seguir mencionando tantos nombres como quisiéramos conjugar con la palabra “latría” que significa adoración en griego—, en donde el liderazgo se convierte en un fetiche y el sujeto que ostenta tal posición (primera anomalía) se lo considera un “semi-dios” o un “cuasi-mesías”.

Nuestros apóstoles y/o pastores representan la paternidad de Dios, pero no en su totalidad. Solo una porción de esa maravillosa gracia nos es manifestada. Sin embargo, el conocimiento pleno de la Paternidad de Dios, no proviene de las acciones de los apóstoles y/o pastores, sino que en primera instancia viene como fruto de la manifestación de la persona de Jesucristo en nuestras vidas. En segundo lugar por la obra de Su Hijo en nosotros, depositándonos a nosotros en una vida de búsqueda insistente, cotidiana y permanente de su persona. No le buscamos porque no le hemos hallado, le buscamos porque su persona y su paternidad es tan inmensurable y eterna, que cada vez que nos encerramos a solas con él, nos encontramos con atributos y virtudes que nunca habíamos podido ver ni entender.

Tu pastor y/o apóstol, solo expresaran, manifestarán y representaran una porción de la paternidad de Dios. Esto no le quita autoridad, ni mucho menos honra. Esto eleva la demanda en nosotros, para que habiendo gustado las “primeras gotas” de Su paternidad mediante los hombres, sigamos mas profundamente conociéndole a él como Padre en lo secreto.

Hay un antídoto que nos deja la escritura. Allí en la carta a los hebreos, encontraremos las barandas necesarias para no perder el equilibrio y la dirección exacta de la honra.

– LA IDOLATRÍA, LAS AMENAZAS DE LA ADMIRACIÓN Y LA PÉRDIDA DE LA IMITACIÓN:

Hebreos 13:7 RV60  Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.

En estos días contemplaba el movimiento de las masas y veía un comportamiento cíclico y repetitivo: la admiración es la calle “ancha y espaciosa” que la mayoría escoge transitar. ¿Por qué? Sencillamente porque es sencilla; solo requiere: “admirar” —valga la redundancia—.

¿Que entendemos por admirar? Sencillamente es contemplar con agrado, maravillarse. 

Veremos a continuación que el problema no esta en la admiración en sí, sino en aquello que nos perdemos cuando esta está mal administrada y pierde su verdadera y única dirección. 

¿Cuál es el peligro de la admiración? El peligro es que en la medida que mas admiramos, menos imitamos. La admiración es el revestimiento y la simulación de la “honra”, pero sin cargar con responsabilidades y compromisos. Así vive el mundo, aceptando las influencias para admirar, pero nunca para imitar.

La idolatría deja este síntoma en quienes son afectados por ella: la admiración y el distanciamiento de la imitación.

La sociedad se está ahogando en el mar profundo de la admiración. Todos admiran. Todos admiramos a alguien o algo. No obstante debo decir que no es el camino diseñado para un hijo de Dios.

Al admirar solo tenemos en estima lo que el otro es o hace, pero la imitación nos lleva a una determinación y a un compromiso serio con aquello que se nos encomendó realizar.

Dos cosas a tener en cuenta:

  1. Las personas asumen que copiar e imitar, son sinónimos. Tristemente encontramos hasta un prejuicio muy negativo acerca de la imitación, puesto que hoy se valora —o se idolatra— la originalidad y creatividad, y por ello, la imitación es considerada un subproducto de la mediocridad, mientras que bíblicamente es una llave hacia el desarrollo de la vida y la fe. 
  2. La imitación (como la considera el autor de hebreos) presupone una cuota de aspectos críticos que permitan considerar, «juzgar»/discernir la fe de a quienes se considera. 

No es lo mismo imitar que admirar. Las escrituras no dejan dudas al señalar a nuestro Dios como el único digno de ser admirado (de hecho su nombre es admirable). No obstante, en esta vida nos encontraremos con conductas dignas de imitar, que al detectarlas, pueden colaborar en la gestión que se nos confió en la tierra.

“Acuérdate” – no olvides ni a tus pastores, ni las palabras que te transmitieron. Volver a pasar por el corazón (eso significa recordar) sus vidas y sus palabras, nos conducirán a una honra que quizás no sea pública, pero con nuestra vida estaremos honrando: no solo la gracia de Dios, sino a la persona que fielmente visibilizó al Señor Jesús delante de nuestros ojos.

Es imposible imitar lo que no se recuerda. Cuando la memoria de nuestro espíritu está adormecida, nuestra memoria natural solo opera para admirar, dejando en nosotros un sentimiento de frustración (jamás lo alcanzaré). Solo quien recuerda puede imitar.

Estamos viviendo a las puertas de días extraordinarios en el Señor, en donde nuestro espíritu despierto, vivo y memorioso, marcaran la diferencia en el envío. Muchos serán enviados a cruzar fronteras geográficas, otros enviados a cruzar fronteras sociales, económicas, políticas, etc. pero todos tenemos el ADN de envío. Por tal motivo NO DEJEMOS DE IMITAR.

Dejemos ya la admiración a un costado y enlistémonos en el ejército donde la memoria eterna gobierna nuestros días, guiándonos a la imitación.

Toda imitación viene con el resultado de haber considerado el resultado de la conducta de aquellos que nos presidieron o aun nos presiden en el Señor.

Les comparto el mismo texto de Hebreos en la versión MSG:

Hebreos 13:7-8 MSG Apreciad a vuestros líderes pastorales que os han dado la Palabra de Dios.  Fíjate bien en su forma de vivir, y deja que su fidelidad te instruya, así como su veracidad.  Debe haber una coherencia que nos acompañe a todos.  Porque Jesús no cambia: ayer, hoy, mañana y siempre es totalmente él mismo.

Cuando admiramos nos perdemos el ser instruidos por la fidelidad de nuestras autoridades, como así también por la verdad que viven y practican. Cuando consideramos la coherencia, ella nos instruye y nos empuja a la imitación.

No permitamos que las olas de la admiración nos envuelvan y ahoguen. ¿Por qué admiramos mas a las personas que a Dios? Cuando la temporalidad nos envuelve, la admiración es la luz roja que se enciende en “el tablero” de nuestro espíritu. Esta nos indica que estamos permitiendo sustancias corrosivas, y con ella la decadencia paulatina.

Por este motivo, necesitamos chequear nuestro estado de contemplación: a quién contemplamos y en qué medida lo hacemos. Recuerda, nunca una persona debe robar nuestra mirada de Jesús.

Continuaremos este pensamiento en los próximos días. Puedes dejar tu comentario abajo si lo deseas.

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