Continuamos con la segunda parte de este pensamiento, el cual tiene como fin, describir la conducta de una generacion idólatra; su conducta, sus motivaciones y, en el caso de hoy, SU SEMEJANZA.
LOS ÍDOLOS: SU PRODUCCIÓN Y SEMEJANZA.
Los ídolos, son productos del hombre. El hombre los crea, para que reemplacen a Dios. Esto no se hace de manera intencional, sino que poco a poco, lo que nosotros mismos edificamos —ya sea una imagen, o una actividad—, termina siendo adorado y venerado, construyendo así, glorias personales.
Cuando Dios desaparece de la escena, las glorias personales aparecen.
Una semejanza que no puede ser ignorada:
“Semejantes a ellos son los que los hacen, Y todos los que en ellos confían”. (v.18)
Tenemos que decir que somos igual a aquello que se forma en nosotros. Todo lo que está en estado de formación en nosotros, es lo que VERDADERAMENTE SOMOS. No somos lo que hacemos, no somos nuestros títulos, no somos según los dones que tengamos, ni somos lo que la gente dice; solo somos aquello que se forma en nosotros.
Uno siempre se convertirá en aquello que ama, adora y contempla. Veamos las palabras de Dios mediante el profeta Oseas a Israel:
Oseas 9:10 RV60 «Como uvas en el desierto hallé a Israel; como la fruta temprana de la higuera en su principio vi a vuestros padres. Ellos acudieron a Baal-peor, se apartaron para vergüenza, y se hicieron abominables como aquello que amaron.»
Todo lo que amamos se vuelve nuestra formación y por ende nuestra expresión. No podemos expresar lo que no somos. Solo expresamos aquello en lo cual nos convertimos. Por esta razón, en la medida que nuestro amor hacia nuestro Padre se perfecciona, mas a él nos parecemos y mas de él expresaremos.
Lo que expresamos esta sujeto a lo que amamos y a la intensidad de ese amor.
Dime lo que amas, adoras y contempla y te diré la imagen que representarás.
Entonces ¿debemos dejar de amar a las personas? ¡De ninguna manera! Amamos a las personas porque primeramente hemos amado a Dios y en Su Amor nos movemos y Su Amor “nos obliga” a una conducta que en nuestras propias fuerzas seríamos incapaces de reproducir.
2º Corintios 5:14 RV60 «Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron;»
Su amor nos aprisiona, nos custodia, nos pone en lugar estrecho; NOS OBLIGA.
Su amor nos salvó y en Su amor nos convertimos. Somos la fiel expresión del amor de Dios, porque él nos amó primero y luego nosotros pudimos por gracia, corresponder a ese amor.
Expresamos lo que se forma en nosotros.
Las actividades se pueden aprender, y puedo profesionalizarme en el desarrollo de un servicio, pero la expresión del carácter y la dispensación de la vida y naturaleza de Cristo (impartición – ministración), dependen absolutamente de aquello que se forma en nosotros.
Cuando Dios es sustituido como productor, terminamos siendo nosotros los que ocupamos este rol de “producir”, eligiendo y determinando así, todo aquello que se formará en nosotros.
El productor, decide la formación.
Hoy en día vemos a muchas personas huir del trato de Dios. Ellos no quieren el producto que Dios ofrece. Evaden el querer y el hacer de Dios, para ser sus propios hacedores y conductores. Es aquí que el querer y el hacer, termina definiendo todo lo que se forma en nosotros.
Dime la voluntad a la que te has rendido y te diré quién se esta formando en ti: Cristo, o se esta perfeccionando el primer Adán.
Cuando nuestra voluntad es la que predomina, entonces nos convertimos en expertos creadores de ídolos. ¿Cuál es el fin? Terminamos siendo semejante a esos ídolos que nosotros mismos creamos.
¿Cuáles son las características genéricas de los ídolos?
- Tienen boca, y no hablan.
- Tienen ojos, y no ven.
- Tienen orejas, y no oyen.
- Tampoco hay aliento en sus bocas.
Estas características exponen a qué son semejantes los idólatras:
- Tienen boca, pero no hay verdad en sus palabras (no hay vida).
- Tienen ojos, pero han perdido la visión Real (quitaron su mirada de Jesús, y prefieren que alguien vea por ellos).
- Tienen orejas, pero no oyen al Señor y no son capaces de interpretar lo que Dios está hablando.
- Sus palabras están vacía del hálito de Vida que solo Dios puede dar.
La idolatría es la adoración de todo lo que el hombre forma y crea con sus fuerzas. Y aunque esto parezca un punto fuerte, debo decir que lo profundo de la idolatría no solo es aquello que el hombre forma, sino “con qué” lo forma.
Sustituir a Dios, es el pecado. Sin embargo muchas veces sustituimos a Dios con cosas que él mismo nos dio. Adoramos nuestros ministerios, adoramos nuestros dones (que han sido deformados por la manipulación, la ambición, la fama, el poder, etc.), adoramos los eventos, las escuelas, etc. ¿cuántas cosas podemos adorar? Todas las cosas que se nos ocurran.
El hombre se volvió un experto en manosear y deformar lo que Dios le confió. Se deformaron las reuniones (las cuales le mal llamamos cultos), se deformó el servicio (esta deformación se ven en las infinitas actividades congregacionales que carecen de piedad, perdiéndose así la esencia del servicio y viviendo solo para hacer), y muchas otras cosas se deforman cuando el hombre olvida quien es el centro de la adoración.
Continuaremos con este pensamiento en breves días…
Paz!






