El arrepentimiento no es un accesorio de la fe, sino parte esencial de nuestra salvación. No hablamos de un evento aislado, sino de un camino continuo en Cristo. Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad (2 Corintios 3:17). Pero esa libertad no es solo un rescate, sino también una proclamación: libertad del pecado, de la cautividad de la mente y de la opresión del corazón.
Cada uno debe dar según se lo haya propuesto en su corazón, y no debe dar con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama a quién da con alegría. 2 Corintios 9:7