No hay otro evangelio, que no sea un evangelio de rendición y entrega para que él sea el todo en todos. La realidad celestial esta siendo dispensada por medio de la Iglesia; por medio de una generación que cada día contienden, luchan, agonizan y se esfuerzan para vivir en la fe del Hijo de Dios.
Getsemaní es el lugar en donde cedemos nuestro querer. No hay cruz sin Getsemaní. No hay gloria sin Getsemaní.
Cada uno debe dar según se lo haya propuesto en su corazón, y no debe dar con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama a quién da con alegría. 2 Corintios 9:7