El día domingo 25 de enero por la noche —y madrugada del 26 de enero—, cuando ya me había acostado para descansar, mi espíritu estaba movido y no dejaba de suspirar palabras que glorificaban a Dios por causa de un ámbito que resulta incomodo en mi ciudad —y en tantas otras ciudades—. Veo que el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, no es algo que se vive ni se ve en las calles. Observo las personas que tienen nombre de cristianos, y tambien a aquellos que hoy deberían colaborar en el liderazgo y en la tarea de obispado, en una posición de extrema comodidad y conformismo con lo que ellos lograron hasta aquí… pero la tristeza que había en mi corazón, es en primer lugar, porque por un lado, sí es verdad que los hombres han logrado hacer muchas cosas, de las cuales tambien me uno a Dios en gratitud por ello; pero el evangelio se ha diluido y el pecado es reinante en el corazón de muchos.
Y en esos suspiros del espíritu en mi, no dejaba de proclamar todo el tiempo: “Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma; Lo busqué, y no lo hallé.” (Cantar de los Cantares 3:1).
Quiero antes de desarrollar algunas consideraciones, dejar el palpitar que tuve por largas horas esa noche por la madrugada del 26 de enero:
El sentir que había en mi espíritu es caminar y recorrer mi ciudad y no encontrarlo a él. Veo un Jesús ausente en las calles. Y esto no es porque los cristianos no salen para predicar, sino porque sustancialmente él no está presente en la Iglesia. Siento que mi hermosa ciudad —como tantas otras ciudades— tiene un vacío importante de Cristo. Nominalmente esta bien posicionada. Pastores con trayectoria. Congregaciones estables. Cristianos de años fiel a su cumplimiento semanal de actividades; pero las calles y las congregaciones vacías de Cristo. El sentir del espíritu era correr y caminar por las calles para ver si podía encontrarlo a él en algo o en alguien, pero no lo encontraba. No podía ver su carácter, ni su belleza, ni el fruto de su espíritu reinante en los creyentes. Vi un templo vacío. Vi paredes, columnas, bancas y movimiento vacío de Cristo. El sentimiento de ver a mi ciudad en una oquedad profunda (el movimiento de un cuerpo vacío) era devastador para mi corazón.
Este vaciamiento, no es el vaciamiento de “yo”, sino que los cristianos nominales se han purgado de Cristo, y se han quedado con sus vidas, costumbres, tradiciones, leyes propias, reglas institucionales… pero Cristo se ha ausentado. A esto Jesús le llamó “sepulcros blanqueados”: hermosos por fuera, pero con olor a muerte en su interior. Tenemos actividades, programas y estructuras sin Cristo, sin vida y sin sustancia divina. Todo es bueno a los ojos de los hombres, pero delante del Señor el pecado ha aumentado. Entendemos por pecado todo aquello que no nace de fe. Tenemos actividades que nacieron por imitación, otras por verlas en el mundo, otras actividades impuestas por las instituciones, otras actividades que nacen de corazones que solo buscan la efervescencia de la vanidad cristiano/evangélica, y otras actividades como fruto de sensaciones y emociones presentes, pero pasajeras a la misma vez.
Este vaciamiento, no es el vaciamiento de uno mismo para que Dios habite y reine, sino el vaciamiento de Dios y el relleno con todo aquello que el hombre sí puede hacer: actividades, agenda, costumbres, tradiciones, marketing y/o poder del hombre.
Deseo que juntos leamos unas lineas, y procuremos oír al Señor:
Cantar de los Cantares 2:8-17 NVI “La amada: ¡La voz de mi amado! ¡Mírenlo, aquí viene!, saltando por las colinas, brincando por las montañas. 9 Mi amado es como un venado; se parece a un cervatillo. ¡Mírenlo, de pie tras nuestro muro, espiando por las ventanas, atisbando por las celosías! 10 Mi amado me habló y me dijo: «¡Levántate, amada mía; ven conmigo, mujer hermosa! 11 ¡Mira, el invierno se ha ido y con él han cesado y se han ido las lluvias! 12 Ya brotan flores en los campos; ¡el tiempo de la canción ha llegado! Ya se escucha por toda nuestra tierra el arrullo de las tórtolas. 13 La higuera ofrece sus primeros frutos; las viñas florecen y esparcen su fragancia. ¡Levántate, amada mía; ven conmigo, mujer hermosa!». El amado: 14 Paloma mía, que te escondes en las grietas de las rocas, en las hendiduras de las montañas, muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; pues tu voz es placentera y hermoso tu semblante. 15 Atrapen a las zorras, a esas zorras pequeñas que arruinan nuestros viñedos, nuestros viñedos en flor. La amada: 16 Mi amado es mío y yo soy suya; él apacienta su rebaño entre azucenas. 17 Antes de que el día despunte y se desvanezcan las sombras, regresa a mí, amado mío. Corre como un venado, como un cervatillo por colinas escarpadas.
Cantar de los Cantares 3:1-5 NVI “La amada: Por las noches, sobre mi lecho, busco al amor de mi vida; lo busco y no lo hallo. 2 Me levanto, voy por la ciudad, por sus calles y mercados, buscando al amor de mi vida. Lo busqué y no lo hallé. 3 Me encuentran los centinelas mientras rondan la ciudad. Les pregunto: «¿Han visto ustedes al amor de mi vida?». 4 No bien los he dejado, cuando encuentro al amor de mi vida. Lo abrazo y, sin soltarlo, lo llevo a la casa de mi madre, a la alcoba donde ella me concibió. El amado: 5 Yo les ruego, doncellas de Jerusalén, por las gacelas y cervatillas del bosque, que no desvelen ni molesten a mi amada hasta que ella quiera despertar.”
En cantar de los cantares 2 y 3 me encuentro con la amada que desde el verso 8 en adelante escucha que el amado viene. Ella conoce que los tiempos han cambiado, y no para de cantar la canción de un cambio de estación: (v.11-13) “…¡Mira, el invierno se ha ido y con él han cesado y se han ido las lluvias! Ya brotan flores en los campos; ¡el tiempo de la canción ha llegado! Ya se escucha por toda nuestra tierra el arrullo de las tórtolas. La higuera ofrece sus primeros frutos; las viñas florecen y esparcen su fragancia….”.
No obstante, y a pesar de reconocer los tiempos que se viven y de cantar con precisión y exactitud la temporada que se vivía, ella seguía dormida y escondida. De hecho el amado en el versículo 7 (del capitulo 2) le dice a las mujeres de Jerusalén:
“Yo les ruego, mujeres de Jerusalén, por las gacelas y cervatillas del bosque, que no desvelen ni molesten a mi amada hasta que quiera despertar”.
Todo despertar comienza en un querer, y este querer, es el celo que Dios puede inaugurar en nosotros por medio de Su Palabra. No quiero salirme del tema, pero esto me recuerda cuando Dios despierta Su Pueblo por medio de la palabra que envía a través del profeta Hageo.
Hageo 1:14 RV60 “Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios…”
El pueblo de Dios estaba libre de babilonia, pero interiormente estaba dormido. A ellos no les alcanzó la liberación política, sino que necesitaban un verdadero despertar en el corazón.
El pueblo de Dios libre de hacer lo que en Babilonia se realizaba, pero aun así seguían atados a sus propias acciones y querer, de tal modo, que la Casa de Dios estaba abandonada. Salvación no es solo dejar de hacer lo que antes hacía, sino hacer aquello para lo cual Dios me llamó: sus buenas obras.
Tambien sucede hoy, que no es suficiente con tener un cambio físico/visible y externo de la obra de Cristo (congregar, no hacer lo que antes hacíamos, etc.), sino que necesitamos un despertar interno, para que ahora hagamos lo que tenemos que hacer. Todos los cambios externos, siempre serán acciones que podemos imitar de otros y/o aprenderlas, pero estas acciones siempre nos conducirán a movimientos que carecerán de la sustancia correcta.
No puedo NO PENSAR en Ananías y Safira, quienes simularon el despertar del evangelio en medio de la venida del Espíritu Santo, sin embargo murieron.
Ananías y Safira no murieron por ofrendar, sino que murieron por simular vida.
El contexto es clave de esta historia es clave:
- Hechos 4 termina con Bernabé vendiendo un campo y trayendo el precio completo a los pies de los apóstoles. No como un acto litúrgico, sino como fruto genuino de una obra interior del Espíritu Santo.
- Hechos 5 comienza con Ananías y Safira imitando la acción, pero no compartiendo la sustancia.
Nadie exigía a los creyentes a vender sus terrenos. Tampoco era una exigencia dar todo. Lo único que se exige en presencia del Espíritu Santo es: verdad.
Pedro fue claro: “¿No era tuyo antes de venderlo? ¿Y no estaba el dinero en tu poder?” (Hechos 5:4)
El pecado no fue retener una parte, sino querer parecer despiertos cuando aún estaban dormidos. Quisieron apropiarse del lenguaje, la estética y las acciones externas del mover del Espíritu, sin someterse a la verdad que producía dicho mover.
Ananías y Safira —como toda la Iglesia— vivían en un tiempo de visitación y gobierno real, veían el movimiento de personas llenas del Espíritu de Cristo; no obstante, observaron un acto genuino de Bernabé y decidieron reproducir la forma sin la sustancia que solo la Cruz de Cristo puede producir.
Esto es exactamente “Un Evangelio Sin Presencia”: actividad correcta, escenario correcto, lenguaje correcto… pero con un resultado mortal.
No murieron porque Dios sea severo, sino porque Dios no permite que Su gloria sea usada como una escenografía.
La advertencia que queda —y que duele—: En tiempos de un verdadero despertar, el mayor peligro no es la oposición externa, sino la imitación interna.
Ananías y Safira representan: una Iglesia que actúa o falsifica el despertar, que copia los frutos (acciones & movimientos externos) del Espíritu, pero que se niega a vivir la verdad completa. Mis amados, esto no es inmadurez, sino falsificación. Y la falsificación, en un ambiente saturado de presencia, no sobrevive.
Entre Hechos 2–4 la Iglesia sí estaba despierta: había temor de Dios, había verdad, había generosidad nacida del Espíritu, había presencia real.
Si la Palabra de Dios no despierta los corazones, nada cambiará. Las acciones externas y las muy buenas motivaciones no sirven de mucho, si la palabra no nos inquieta y nos conduce a las acciones que Dios espera de nosotros.
Podemos decir que la amada, despierta tarde, porque cuando despierta el amado se había ido. Esto representa una iglesia que no deja de ser amada y elegida, pero que hoy prefiere seguir escondida, dormida o permitiendo concesiones “insignificantes” que echan a perder la relación amorosa con el amado.
A veces nos conformamos con un evangelio rancio y nominal, en donde quienes de verdad lo buscan no lo encuentran, porque el se reserva para aquellos que en verdad responden a su voz hoy. Solemos, muy a menudo, cometer estos errores… creemos que podemos responder cuando queremos, porque aun “tenemos tiempo”. Esas grietas representan la mala administración del tiempo y las distracciones que nos permitimos; aun teniendo palabras Divinas, nos permitimos la somnolencia, el letargo y las distracciones que nos conducen, con el tiempo, a las concesiones que arruinan nuestro viñedo.
En breve subiremos la segunda parte…
Atte. Tu servidor Julián.







2 comentarios
Gracias Profeta Julián
profundo y relevante mensaje que muestra la realidad de una Iglesia que tiene comezón de oír pero no ha circuncidado su oído para oír la palabra de verdad, la cual no motiva sino despierta el entendimiento, confronta las intenciones del corazón y produce verdadero arrepentimiento para no vivir siendo imitadores, vacíos de Cristo y como dice Apocalipsis tienen nombres de que viven pero están muertos;
Dios está llamando a su Iglesia amada al arrepentimiento verdadero.
Maria del Carmen! es hermoso leer tus palabras! te envio un fuerte abrazo a vos y a todos los hermanos de Bolivia!