Con todo mi corazón, en esta segunda parte, deseo que juntos continuemos comprendiendo el obrar de la Salvación de Dios en nuestros corazones, para que vivamos una REAL Vida del Espíritu. Salir de las fantasías e imaginaciones de nuestro propio corazón, y tambien salir de “Egipto» y “Babilonia” (que son tipos del mundo y del poder de las tinieblas) no es el todo, sino solo el comienzo del obrar de la salvación de Dios. No me cansaré de recordar las palabras de Pablo a los hermanos de Corinto cuando les dijo: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; 2 y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, 3 y todos comieron el mismo alimento espiritual, 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. 5 Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto.”
Es posible quedarse postrados en el desierto… es posible llegar a un punto tal de ignorancia que olvidemos que nuestra salvación es continua, progresiva y cotidiana, y que cada día de nuestras vidas, debemos permanecer vigilantes a esa vida eterna que ha nacido en nuestros corazones, y por ella ser guiados, impulsados e inspirados para vivir en esta tierra. Si esa salvación crece en nosotros, Cristo será una REAL Realidad y no una ilusión, fantasía o sentimiento aprendido por las palabras de los hombres… cuando él no crece, las tradiciones lo harán. Cuando él no crece, las costumbres y las imitaciones lo harán.
Solo resumir en cuatro puntos la primera parte:
- Una ciudad e iglesia con estructura, pero sin presencia.
Hay actividad, trayectoria, programas y fidelidad externa… pero ausencia real de Cristo. No falta movimiento, falta sustancia. No falta religión, falta presencia. El problema no es que no se predique, sino que Cristo no se manifiesta en carácter, fruto, ni vida.
- Un vaciamiento peligroso: forma sin sustancia.
No es el vaciamiento del “yo” para que Dios reine, sino el vaciamiento de Dios para llenarnos de lo que el hombre puede producir: agenda, tradición, marketing, emoción e imitación. Actividades correctas pueden existir sin fe, y lo que no nace de fe es pecado. Es el “sepulcro blanqueado”: apariencia hermosa, interior sin vida.
- El problema no es falta de cambio externo, sino falta de despertar interno.
Como en Cantar de los Cantares 2–3, la amada reconoce la temporada, pero sigue dormida. Como en Hageo 1:14, el pueblo estaba libre de Babilonia, pero necesitaba que Dios despertara su espíritu. No basta dejar lo que hacíamos antes; necesitamos hacer lo que Dios nos llamó a hacer, desde un corazón despierto.
- El mayor peligro en tiempos de visitación: imitar sin vivir la verdad.
Como Ananías y Safira en Hechos 5, se puede copiar la acción correcta sin la sustancia del Espíritu. No murieron por dar poco, sino por simular vida. En tiempos de presencia real, el peligro no es la oposición externa, sino la falsificación interna.
Continuemos con esta segunda parte:
En Cantar 2:8–15 el amado sí viene, llama, invita, declara que la estación cambió. No es ausencia; sino una presencia que convoca a una relación real e intima. El problema no está en la voz del amado, sino en la respuesta de la amada. Ella oye, pero aún hay escondites, aún hay amenazas pequeñas pero reales: “las zorras pequeñas que echan a perder las viñas”. No son lobos evidentes; son concesiones sutiles, descuidos tolerados, hábitos “inofensivos” que, sin embargo, arruinan el fruto.
La viña representa ese lugar que le pertenece a Dios: nuestro corazón. Pero también representa el amor real y el trabajo de Dios en nosotros para producir frutos para Su complacencia. Cuando permitimos las “zorras pequeñas” el amor se enfría y la viña es dañada, es entonces, que comenzamos a producir un fruto agrio; un fruto parecido al que Dios desea recibir, pero no es el fruto que Él espera. La Iglesia, en este peregrinaje salvífico, suele cometer estos errores: permitir pequeñas concesiones en el alma, que con el tiempo terminan dañándolo todo.
Las “zorras pequeñas” son peligrosas precisamente porque no parecen graves ni escandalosas a la vista, sino que entran en silencio y terminan dañando las raíces y los brotes. Es en este punto en donde ofrecemos a Dios “ofrendas extrañas”, dando lo que queda, lo que sobra y lo dañado (se puede leer Isaias 5, en donde Dios habla de su viña abandonada).
Sin embargo, fue la palabra, y en este caso mas tarde que temprano, la que termina inquietando fuera de tiempo a la amada, que ella despierta, se levanta y sale a buscar al amado… ¿qué sucede? No lo encuentra. Y es aquí donde el silencio duele.
La amada busca activamente, pero no encuentra. Y eso es clave: no es indiferencia, es búsqueda… pero fuera del tiempo de la visitación. La escena sugiere que hubo una invitación previa que no fue plenamente abrazada.
Nada esta perdido si aun permanecemos cerrados o dormidos frente a la palabra del Señor… Dios pudo despertar a Su Pueblo… y si hoy Dios permite la somnolencia, es para que tengamos un aprendizaje valioso, pesado y maduro.
Los tiempos de búsqueda nos dejan algunas enseñanzas:
- El silencio de parte de Dios nos duele.
- Conocemos la sequía interior mezclada con desesperación.
- Reconocemos la falta de discernimiento y sensibilidad al Espíritu Santo y por ende el descuido del corazón que hoy debería estar produciendo «uvas» buenas (el fruto que Dios desea).
- Aprendemos a recordar lo que él ya nos habló.
Cuando alguien no despierta, solo servirá para vivir un evangelio rancio y nominal. No porque el evangelio envejezca —porque nunca lo hace— sino porque “ese evangelio” pasa a ser un “evangelio”:
- Domesticado.
- Institucionalizado.
- Intelectualizado.
- Reducido a vocabulario y acciones aprendidas.
Este es el dormir de la amada, a lo cual, el amado dice claramente: «no la despierten hasta que ella quiera despertar». Porque TODO COMIENZA EN UN QUERER… pero ese querer no nos evitará la enseñanza y la madurez.
Entonces ocurre algo doloroso: quienes de verdad lo buscan, no lo encuentran con facilidad; y no porque Él sea cruel o distante, sino porque Él nos enseña a buscarle de todo corazón.
Esto resuena con otros textos:
• “Hoy, si oyen su voz, no endurezcan su corazón” (Hebreos 3:15)
• “He aquí ahora el tiempo aceptable” (2 Corintios 6:2)
• “Me buscarán y me hallarán, porque me buscarán de todo corazón” (Jeremias 29:13)
La voz de Dios se honra cuando se responde a ella, y no cuando se la procura “administrar”. Esto nos enseña que Cristo no se pierde; solo se oculta de lo superficial y se revela a los hambrientos.
Cuando la Iglesia despierta, deja de esperar “visitaciones”, y ahora la búsqueda de Él como sustancia y realidad es conducida por una necesidad real del espíritu y no por cuestiones domesticas y/o por costumbres.
Es aquí donde la Iglesia no tiene una relación por lo que siente en el momento, sino que ahora hay una búsqueda clara por necesidad… es necesidad que mueve todo nuestro interior y grita: “no puedo vivir sin ti”.
Y esto no se trata de sentir que él no viva en nuestro interior, sino que nos damos cuenta que, quizás, nos hemos dormido en las costumbres y tradiciones, que ahora lo sustancial se perdió en nosotros. Aquí es donde una iglesia dormida es capaz de conocer intelectualmente lo que no vive en su interior; puede cantar y razonar con su mente lo que no puede vivir en la experiencia.
Cuando los conocimientos y el intelectualismo se ponen por encima de nuestras experiencias cotidiana, es entonces que hemos comenzado a dormir.
Despertar nada tiene que ver con acciones externas, sino con un mover interno que nos conduce a la desesperación que un hambriento puede tener o a la sed que alguien puede tener en medio del desierto… cada día experimentamos esta sed y hambre de su justicia, por tal motivo, buscamos primeramente el reino de Dios y su justicia… lo demás está en su poder.
Y, sin embargo, en medio de todo cuadro que parece oscurecerse, Dios siempre guarda un testimonio vivo. Nunca ha sido diferente, ni lo será ahora. Así como en los días de Elías, cuando todo parecía inclinarse ante Baal, Dios tenía reservados siete mil que no doblaron sus rodillas, así también hoy existe un remanente fiel, silencioso quizás, pero ardiente en espíritu, vigilante en su corazón y sensible a la voz de Dios.
No todo está dormido. No todo está perdido. No toda la viña está arruinada.
Hay corazones que rehúsan conformarse con una fe superficial. Hay vidas que, aun en medio de la sequía general, siguen anhelando la Presencia real. Son aquellos que no negocian las “zorras pequeñas”, que no se conforman con imitar, ni con repetir formas, sino que buscan vivir la verdad en lo profundo. Son aquellos que, aunque atraviesen silencios y procesos, permanecen firmes, atentos, y dispuestos a responder cuando el Amado llama.
Como en los primeros tiempos de la Iglesia, cuando la apostasía comenzaba a extenderse, también hubo quienes permanecieron fieles, guardando la fe no solo como doctrina, sino como vida. Hoy también los hay. No son perfectos, pero están rendidos. No son muchos, pero son reales. No están visibles, ni son conocidos por muchos, pero son conocidos por Dios. Y allí está nuestra esperanza.
Porque el Señor no está buscando multitudes impresionadas, sino corazones disponibles. No está edificando sobre apariencia, sino sobre realidad. Y todo aquel que hoy decide despertar, responder, y volver a una búsqueda sincera, descubre que la puerta nunca estuvo cerrada… que la voz aún resuena… y que la Presencia no se ha ido, sino que espera ser abrazada con todo el corazón.
Aún es tiempo. Aún hay voz. Aún hay un llamado vivo, real y ardiente en los corazones… y aún hay un pueblo que, en medio de todo, decide decir: “Señor, no podemos vivir sin Ti.”
Cuánto anhelo que estas pobres y limitadas palabras puedan, por la gracia de Dios, encender aunque sea una pequeña llama en tu interior… que despierten el hambre, que aviven la sed, y que te impulsen a buscar aquello que es real, eterno y verdadero.
Si algo de todo esto logra llevarte un paso más cerca de Su Presencia, entonces habrá valido la pena.
Con todo mi amor, respeto y devoción,
te saluda tu servidor,
Julián







2 comentarios
Solo puedo agradecer por esta palabra guiada por el Espíritu, muy clara para los tiempos que vivimos una espiritualidad que está de moda pero vacía de Cristo, palabra viva que amonesta por amor, para despertar de la apatía e indiferencia a una Iglesia adormecida en la religión que hace actividad pero sin la guía y la vida del Espíritu
Sigamos avanzando juntos con temor y temblor! abrazo inmenso pastora amada!