¿Qué ocurre cuando Cristo vuelve a ser el valor supremo y la cruz recupera su peso eterno?
Este mensaje nos confronta con una verdad profunda: no toda esperanza viene de Dios, y muchas veces la esperanza equivocada es el peso que nos impide correr con paciencia.
Cuando la mirada es purificada y el despojo se vuelve una experiencia real del espiritu, el Espíritu Santo comienza a tener mayor gobernabilidad nuestros corazones. El evangelio deja de ser solo información y se convierte en vida sustancial, transformando nuestra manera de esperar, adorar y obedecer.