ORDEN, La Expresión De Su Reino I

Hablar del orden, no es hablar de otro asunto que no sea de la misma vida de Dios manifestada en aquellos que no sacan su mirada del Señor Jesucristo. El orden es una cuestión de naturaleza, pero que vamos descubriendo por imitación.

Hablar del orden, no es hablar de otro asunto que no sea de la misma vida de Dios manifestada en aquellos que no sacan su mirada del Señor Jesucristo. El orden es una cuestión de naturaleza, pero que vamos descubriendo por imitación.

1 Corintios 11:1 RV60 Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.

En otras palabras, Pablo esta diciendo: “así como yo imito a Cristo, ustedes también deberían hacerlo”. Por eso el consejo apostólico siempre será: no sacar la mirada de aquel autor y perfeccionador de nuestra fe.

Efesios 5:1 RV60  Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

Un hijo amado imita a Su Padre. Un hijo de Dios no sabe hacer nada por su propia cuenta, sino que todo lo que ve del Padre eso hace y lo que oye del Padre eso habla (Juan 12:49 – Juan 14:10). Todo lo que hacemos y decimos -teniendo todo esto como origen el corazón de Dios- trae orden a nuestra vida y desde nuestra vida hacia los demás. 

Hebreos 6:7-12 NTV 7 Cuando la tierra se empapa de la lluvia que cae y produce una buena cosecha para el agricultor, recibe la bendición de Dios. 8 En cambio, el campo que produce espinos y cardos no sirve para nada. El agricultor no tardará en maldecirlo y quemarlo. 9 Queridos amigos, aunque hablamos de este modo, no creemos que esto se aplica a ustedes. Estamos convencidos de que ustedes están destinados para cosas mejores, las cuales vienen con la salvación. 10 Pues Dios no es injusto. No olvidará con cuánto esfuerzo han trabajado para él y cómo han demostrado su amor por él sirviendo a otros creyentes como todavía lo hacen. 11 Nuestro gran deseo es que sigan amando a los demás mientras tengan vida, para asegurarse de que lo que esperan se hará realidad. 12 Entonces, no se volverán torpes ni indiferentes espiritualmente. En cambio, seguirán el ejemplo de quienes, gracias a su fe y perseverancia, heredarán las promesas de Dios.

Dios nos está empapando con su palabra, para que la producción glorifique al Señor. Todo lo que producimos deja en evidencia de qué nos estamos empapando y que es lo que absorbemos en abundancia.

“Estamos destinados…” cuando la salvación llega a una persona y familia, la convicción es grande y fuerte, porque esta salvación irá eliminando los vacíos y las zonas vulnerables que vuelven a una generación débil e impedida de fortalezas y orden.

Muchas veces las cosas que las personas buscan en una congregación, solo vienen con la salvación. El problema es que sin darnos cuenta, en ocasiones, rechazamos la salvación. ¿Cómo es que rechazamos la salvación? Sencillamente siendo nosotros mismos. De esta manera, provocamos un distanciamiento de la real realidad de Dios. Esta real realidad va mas allá de lo que podamos sentir o experimentar en alguna reunión, como así también, va mas allá de las palabras que pudimos aprender o de las promesas que hallamos conocido.

Este autor cierra la idea diciendo que podemos volvernos torpes e indiferentes espirituales, o por el contrario, ser una generación que le ponga fin a las promesas, para que ellas sean una realidad en nuestras vidas (heredar las promesas). Las promesas dejan de ser promesas cuando se heredan. La cruz nos conduce a una real heredad, en donde las promesas se transforman en realidades tangibles y visibles.

El condimento que este apóstol deja ver, es el amor como servicio a los demás. 

Las esperas para muchos se hacen largas: años en una congregación, esperando que lo que Dios dijo “se haga realidad”. Y no nos damos cuenta que el problema no está en la congregación, ni en el evangelio, sino en cada uno de nosotros cuando decidimos dejar de amar en servicio.

Amar a las personas es volvernos sus servidores. Es esta la vida que hemos heredado en la cruz, y en esta vida, nos ordenamos en el caminar. El amor nos ordena, y el servicio nos perfecciona.

2 Corintios 5:14-15 RV60 14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; 15  y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

¿Que significa que Su amor nos constriñe? Es que nos comprime y nos deja en un lugar estrecho, ajustado y custodiado.

Es la estrechez de nuestros gustos personales lo que termina ordenándonos, porque el orden tiene que ver con  colocar cada cosa en su lugar; y nuestro lugar es Cristo. Ahora estando en él, dejamos de vivir para nosotros mismos. Ya no existe el “a mi me gusta así”; “toda la vida lo hice así, no voy a cambiarlo ahora teniendo media vida”.

Cuando se nos revela nuestro lugar, nos reconocemos nuevas criaturas, aunque hayamos tenido “7 vidas” antes de conocer al Señor, hayamos pasado por diferentes congregaciones y hayamos atravesado un sinfín de experiencias. Encontrar nuestro lugar, es haber encontrado vigencia de vida, perdiendo toda experiencia de vida.

No solo fuimos llamados a gozarnos por la posición eterna que tenemos mediante la cruz, sino también por aquella función eterna que nos ha sido entregada por Gracia. Todos tenemos la dicha de no solo proclamar que estamos en él, sino también de manifestar aquella posición que la cruz nos otorgó.

Colosenses 1:22 NTV pero ahora él los reconcilió consigo mediante la muerte de Cristo en su cuerpo físico. Como resultado, los ha trasladado a su propia presencia, y ahora ustedes son santos, libres de culpa y pueden presentarse delante de él sin ninguna falta.

La cruz nos reconcilió con Dios. Y esta reconciliación trajo resultados extraordinarios:

  • Fuimos trasladados a su propia presencia.
  • Somos santos.
  • Fuimos liberado de toda culpa.
  • Nos presentamos delante de Dios sin faltas.

Esto ocurrió en la cruz. Esta es nuestra posición. 

Ahora no solo podemos decir que Cristo murió por nosotros, sino que nosotros hemos sido crucificados juntamente con él. El resultado es que fuimos trasladados a la unidad que él tiene desde la eternidad con Su Padre. (Jesús en Juan 17 le llama “perfecta unidad”, al decir: “yo en ellos y tú en mi…”).

Comencemos a disfrutar esta posición. Una posición que no tenemos temor en proclamar. Una posición de honra. Una posición de justicia, paz y gozo, sencillamente porque esta es la posición que tenemos en Su Reino.

Ahora muy bien, esta posición no debe quedar en el plano del saber o de la simple notificación que arroja “tranquilidad” a nuestra vida. Es correcto sentirse con abundante paz, ya que no es un asunto a ignorar la posición, pero esto no es todo.

Cuando retrocedemos unos versículos, en colosenses, nos damos cuenta que allí no solo se describe la posición, sino también la función a desarrollar como agentes trasladados. 

Este traslado nos sacó de la posición de individuos a la posición de miembros, y esto significa que nuestra función cambia. Por ejemplo un individuo siempre vivirá en absoluta independencia, en cambio el miembro vivió en una eterna dependencia, no solo de la cabeza, sino de todos los miembros que le rodean (así lo describe Pablo a los Efesios).

Comenzaremos diciendo que alguien trasladado a la presencia de Dios, es alguien que no se muestra a sí mismo, sino que muestra a Dios.

  • Ser Iglesia, es haber experimentado el traslado de ser un individuo a ser miembro. 
  • Ser Iglesia es haber perdido nuestra imagen, para ganar la suya.
  • Ser Iglesia es haber cambiado el sustento, raíz y origen de todo lo que realizamos.
  • Ser Iglesia es hacer todo en él, por él y para él.

Claramente nuestra función es transformada. Ya no somos los mismos desde el momento que su presencia nos absorbió y en Su espíritu fuimos nosotros bautizados.

Haber sido traspasados por la cruz, no solo es un hecho de posición, sino también de función.

Continuaremos… en breve la segunda parte.

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