
Purgatorios: una vida intermedia que Dios nunca estableció… y que jamás aprobará.
Vivimos en una generación que ha aprendido a moverse sin ser soplada por el Espíritu. Iglesias que confunden actividad con vida, creyentes atrapados entre el arrepentimiento y la obediencia, entre el altar y el mundo. A eso llamo una vida purgatorial: una fe suspendida, tibia, sin transformación.
Dios no tolera los grises. No hay punto medio entre la luz y las tinieblas, entre la carne y el Espíritu. O vivimos por el Espíritu, o vivimos por la carne. No existen “purgatorios espirituales” donde el alma se acomoda mientras decide si obedece o no.
Cristo no murió para dejarnos en un limbo espiritual, sino para hacernos nuevas criaturas.
Es hora de abandonar los purgatorios y volver a la cruz. Solo el Espíritu Santo puede romper nuestras zonas intermedias y llevarnos a una vida real, plena y guiada por Él.















